jueves 3 de septiembre de 2009

La mirada aleatoria

En este corto práctico tratamos de hacer un descanso entre libro y revista. Un descanso en el sentido de olvidarnos del sistema, del lector, etc. y bucear en un terreno abierto, ilimitado, potencialmente interesante, dejando de lado los propios supuestos y tratando de encontrar otra capa de percepción más aguda que la cotidiana.

Un diseñador, J.Christopher Jones, luego de haber escrito libros absolutamente metódicos sobre el diseño se replantea toda su teoría y por el año 1980 edita un libro: Diseñar el diseño, GG Barcelona, donde abreva en lo aleatorio, en ese espacio donde podemos dejar que nuevas cosas sucedan sin un método que nos acote. Lo llamaría: dar oportunidad a las oportunidades.

En un capítulo cuenta que estaba de vacaciones en St. Yves, Francia, y quería sacar fotos con un nuevo enfoque para no terminar en un tratamiento que ya conocía, o en los sitios más bellos del lugar, sino encontrar otra mirada en puntos del mapa elegidos al azar, y limitarse a jugar con lo que le tocara [que a la larga es lo que nos pasa a todos en la vida]. Valga entonces un doble enfoque de este práctico: el del diseño y el filosófico.

Julio Cortázar, que mucho sabía del juego en la escritura, se plantea con su mujer, fotógrafa ella, Carol Dunlop, un viaje y de éste un libro:
Los autonautas de la cosmopista. No recuerdo en detalle las pautas, pero era algo así como ir por la Autopista del Sur, y parar en un pueblo cada determinado número de pueblos, y siempre en el -supongamos- segundo hotel, hotelucho, motel, cabaña, que les tocase estrictamente. Y escribieron y sacaron fotos con lo que encontraron en ese sitio surgido al azar.
Ya el abordaje los lleva a un terreno desconocido, y estaba en ellos encontrar en esa aparente limitación un universo de sucesos o imágenes nuevas.

Dicen los orientales que limitarse es crecer, y como a la facultad venimos a aprender lo que no sabemos, es una buena oportunidad para encontrar nuevos rumbos a partir de nuevas
vivencias.
Hace años hemos hecho este práctico. A una alumna le tocó una casa tomada en Parque Patricio, fue con su novio,
sacó fotos en diferentes días, a diferentes horas, y la familia los invitó a comer un asado, y salieron imágenes muy interesantes que de otra manera no habrían tenido lugar.
Otros alumnos terminaron tomando el té con una elegante familia de Av. del Libertador, y a otro lo quisieron poner preso por sacar fotos en una zona militar. Pero lo que más me llamó la atención fue la experiencia en Pompeya de un alumno que sacaba fotos en el mismo sitio en diferentes días, o a diferentes horas. El veía siempre un Kiosco de golosinas, una parada de colecticos, y un teléfono público. En la foto dominguera todo estaba vacío o cerrado, en las horas pico alguien hablaba por teléfono, otros hacían la cola del colectivo, alguien compraba cigarrillos. En un tercer día se presentaba otro cuadro.
Cuando vió el trabajo terminado con todos sus matíces y contrastes, descubrió algo que nunca había visto: un perro callejero posaba en todas las fotografías, un perro invisible en la mirada cotidiana, el único personaje animado que en realidad fue retratado en las diversas tomas. Quizás ese perro era esa capa más profunda que dejamos pasar con el apuro cotidiano.
Sergio Manela